
Sandra Patricia Isaza habla con la convicción de quien esperó toda una vida por un pedazo de tierra propia. Su voz representa a las 26 familias de la Asociación Isla Jardín, en Puerto Boyacá, que en 2025 recibieron parte de las 3.040 hectáreas recuperadas en el Magdalena Medio y entregadas a campesinos tras décadas de espera.
Estas tierras hacen parte de 17 predios que durante años sirvieron al paramilitarismo en el Magdalena Medio, una región golpeada por el despojo y la violencia contra comunidades campesinas. En varias de estas fincas se consolidaron estructuras armadas ilegales que financiaron el conflicto y provocaron el desplazamiento de miles de familias.
“Iniciamos con la ilusión de siempre tener tierra. Hoy estamos aquí gracias a la Reforma Agraria y a esa oportunidad que nos dieron”, afirma Sandra Patricia Isaza, al resumir lo que significa para su comunidad este nuevo comienzo.
Estos predios no solo fueron escenario del conflicto armado: en esta zona se consolidó la alianza criminal entre Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, ‘El Mexicano’, que financió la expansión paramilitar en el Magdalena Medio, y en algunas de estas fincas el mercenario israelí Yair Klein entrenó a los primeros grupos de autodefensa. Lo que durante años fue territorio de guerra y despojo, hoy comienza a resignificarse como espacio de producción campesina y reparación histórica.
El predio “Los Limones” no es de fácil acceso. Llegar implica atravesar caminos que, en temporada de lluvias, se transforman en barro espeso y charcos interminables. Son tres o cuatro horas de trayecto, a pie o en moto, cruzando fincas vecinas hasta alcanzar ese pedazo de tierra que ahora llaman hogar. Allí, donde antes hubo abandono y miedo, hoy se escuchan machetes limpiando rastrojo y semillas cayendo sobre surcos abiertos.
“El fruto de ese esfuerzo lo tenemos aquí: arroz, yuca, plátano, popocho, ahuyama… todo lo tenemos aquí”, dice Marinela Hernández mientras señala las ocho hectáreas que cultiva dentro de las 590 entregadas por la Agencia Nacional de Tierras. Sus manos, curtidas por el sol, reflejan jornadas largas y una dignidad que no se negocia.
Hace apenas siete meses comenzaron desde cero. No había cultivos ni infraestructura. Solo la convicción de que esta vez la tierra sería propia y que no podían dejar pasar la oportunidad. “Desde el día cero nos enfocamos en sacarlo adelante. Tenemos compañeros valiosos, los tractores humanos que tenemos aquí”, afirma Marinela.
El motor de Isla Jardín no es la maquinaria, sino la organización. Se turnan cada tres días para cuidar lo sembrado y levantaron con sus propias manos una pequeña casa donde descansan en jornadas que muchas veces los obligan a permanecer lejos de sus familias. Cada surco abonado es una promesa para sus hijos.
La tierra ha respondido: patilla, maíz, yuca, arroz, plátano y ahuyama ya salen hacia mercados campesinos y ferias locales. Los productos no solo abastecen a sus propias familias; también llegan a las mesas de otros hogares, demostrando que cuando el campo produce, el territorio entero se dinamiza.


Entre los casos más emblemáticos está la Hacienda “La Fe”, donde hoy 57 familias campesinas comienzan una nueva etapa sobre tierras que décadas atrás estuvieron vinculadas al entrenamiento de estructuras paramilitares. El lugar, antes asociado a la guerra, empieza a resignificarse como territorio de producción y vida.
En Puerto Boyacá, la asociación se ha convertido en ejemplo. No solo por lo que cultivan, sino por la manera en que lo hacen: unidos. “Esta es la semilla que vamos a tener en Puerto Boyacá para los puertoboyacenses y para el mundo entero”, afirma Sandra Isaza. “Es un llamado a todas las asociaciones: se puede trabajar en equipo. Estamos felices y seguimos comprometidos con sacar adelante este proyecto del campo a la ciudad”.
La recuperación de estas 3.040 hectáreas fue posible gracias al trabajo articulado entre la Agencia Nacional de Tierras, la Sociedad de Activos Especiales (SAE) y el Fondo de Reparación de las Víctimas (FRV). Del total, 2.804 hectáreas provienen de procesos de aprehensión material de predios administrados por la SAE y 236 del Fondo de Reparación.
En Puerto Boyacá no solo germinan cultivos. Germina la certeza de que la tierra puede reparar lo que la violencia fracturó. Germina la convicción de que la Reforma Agraria no es una cifra, sino familias sembrando futuro.
Donde antes hubo guerra, hoy crece alimento. Y en cada cosecha, estas 26 familias están sembrando país.
