
a primera vez que visité un páramo fue hace más de 20 años, cuando tenía 6, y quedé maravillado con unas plantas, tan imponentes como ancestrales, que nunca antes había visto y que ahora casi todos conocen como los guardianes del agua: los frailejones. Sin embargo, no voy a contar mi historia, sino la de Sarai Samara Medina Gómez, una estudiante de la Institución Educativa Técnica Agrícola El Cruce, del municipio de Tuta (Boyacá), y también la de más de 700 niños y niñas, quienes encontraron en sus docentes y en el Gobierno Departamental, a grandes aliados para defender nuestro recurso más vital.
Sarai está en grado tercero, una de sus materias favoritas es Artística y forma parte del Club Defensores del Agua de su institución, un espacio liderado por Empresas Públicas de Boyacá (EPB), que presenta un enfoque pedagógico frente al cuidado y protección del recurso hídrico, promoviendo el cambio cultural, la transformación del pensamiento y el desarrollo de actividades prácticas, que los niños y niñas pueden realizar con el acompañamiento de quienes hacen parte tanto de su entorno familiar como escolar.
El reto de hacer del cuidado del agua un acto cotidiano
—Hoy, me desperté a las 5:00 de la mañana, me bañé, busqué los zapatos y le dije a mi mamá que buscara las medias, desayuné y vi televisión antes de viajar— con estas palabras Sarai inicia a contarnos su día, a la par que sonríe cuando le preguntamos —¿tú cuidas el agua?— Con un sí, dicho con tierna contundencia, nos dejó claro que ella se toma más en serio que muchos adultos el cuidado del líquido que nos mantiene vivos, el cual podría dejar de ser accesible para millones de personas en algunas décadas (según expertos de la Universidad de Naciones Unidas).
—¿Por qué debemos cuidar el agua? — esta era una pregunta casi obligatoria y su respuesta no se hizo esperar: —no podemos contaminar el agua porque es importante para nosotros, para los árboles y para los animales—. Sarai también habla sobre su familia, porque vive con sus papás y sus hermanos, reafirmando que el cambio de mentalidad puede y debe ser compartido en entornos seguros; además, menciona que le gusta mucho aprender y justamente eso fue lo que sucedió en el evento de clausura: los niños y niñas vivieron una jornada en la que entre juegos y mucha creatividad, entendieron que la verdadera grandeza está en cuidar el agua.
Los defensores cuentan con grandes aliados
Cuando los héroes se enfrentan a una gran amenaza, necesitan unir fuerzas; es por eso que el primer gran apoyo encontrado por los estudiantes (desde la institucionalidad), es el brindado por la Gobernación de Boyacá, a través de EPB, entidades lideradas por el gobernador Carlos Amaya y la gerente Carolina Núñez, respectivamente; resaltando también el apoyo de la gestora social del departamento, Daniela Assis.
“Nuestra estrategia ‘Club Defensores del Agua’ de la EPB ha llegado a 28 municipios a lo largo del territorio departamental y esperamos seguir creciendo de la mano de las comunidades”, aseguró la gerente de la EPB, contagiándonos con el orgullo y la alegría que se reflejaban en su voz.
Continuando con la explicación, “en EPB contamos con una inversión cercana a los $1.610 millones para el acompañamiento social a las comunidades y su importancia radica en que hemos entendido que la comunicación y el aprendizaje es más fácil a través de los niños, porque quienes aprenden a cuidar el agua desde pequeños, serán adultos responsables con nuestro recurso hídrico. Así mismo, son un medio para que los papitos, las mamitas, los profesores y la comunidad en general aprendan sobre el uso del agua y que esta se vuelva una estrategia clave para proteger nuestro recurso hídrico”, concluye la ingeniera Carolina.

Ya dimos un gran paso, ¿ahora qué sigue?
En Tunja, Sarai, sus compañeros y cientos de niños de instituciones educativas rurales se divirtieron mucho, reforzaron su aprendizaje sobre el cuidado del agua y se comprometieron a seguir siendo sus defensores. Es decir, que hasta este punto la misión estaba completa y además conocieron a Wigu, el zorro gris que es el símbolo de EPB para la lucha por la defensa del agua. Sin embargo, este camino apenas comienza; así lo reconoce Guillermo Hernán Muñoz, rector de la Institución Educativa El Cruce: —ellos seguirán transmitiendo el mensaje con sus compañeros y sus familias, y contribuyendo a una ciudadanía con mayor consciencia— resaltando la importancia que tiene el recurso hídrico en las instituciones donde la vocación agrícola nace desde el corazón del campo boyacense.
Luego de que la actividad finalizó, les esperaba el camino de regreso, pero el aprendizaje quedó en cada mente, la esperanza en cada corazón y el compromiso en este gran proceso que debe continuar. De este modo, en nuestra clausura compartimos experiencias y seguimos encontrando en cada sonrisa infantil la motivación para ofrecer lo mejor, desde el conocimiento brindado, la ejecución de obras para su bienestar y cada espacio en el que juntos podamos construir y transformar.

Fuente: Oficina de Comunicaciones y Protocolo – Gobernación de Boyacá
